Mírame de nuevo con esos ojos rojos de fiesta,
porque no se si te he dicho aún que,
eres tu mi única alegría en cada borrachera.
Con unas copas de más
mi caligrafía se tambalea
perdiéndose a la altura
de tus caderas.
Te expresaré en estas líneas, que
eres mi punto y seguido,
porque el final no quiero que seas capaz de ponerlo.
No debería hablar de ortografía tratándose de ti,
miro las curvas de tu cuerpo y deberían de estar prohibidas,
subrayadas,
y en negrita.
Te he dividido mil veces,
en el sujeto a mi sustento,
en mi predicado,
y me encanta que conjugues
en mi presente, en tu pretérito,
y nuestro futuro,
todos tus verbos.
Somos una,
nos hemos compuesto, yuxtapuesto.
Prométeme que no dejarás de subordinarme,
cada día de tu vida,
de nuestra vida...
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