Odio cuando no soy capaz de calmarte.
Odio cuando tus lagrimas caen por tus pómulos,
haciendo mis versos vernáculos.
Y los matan,
y me matan,
y todo deja de tener sentido.
Tú, mi dialecto favorito,
que dejas tu rencor subscrito...
Pero te odio,
y me encantas...
Con esa rabia de niña mal criada,
y esa mirada de querer arrasar hasta con la vida,
cuando solo deseas huir con billete de ida...
Me encanta que a pesar de todo lo que pueda llegar a venir,
tu solo tengas ganas de seguir,
para delante, a pesar de cualquier viento,
a pesar de cualquier límite impuesto.
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