Me miras. Te miro. Nos miramos.
Conjugo los verbos más bonitos
que componen nuestras lenguas al besarnos.
Derivo, desvariando,
por tus vértices, con mis manos.
En este mundo debería estar prohibido
querer-te tan fuerte.
La verdad es que no recuerdo
cuando comencé a desenvolverte.
Y es que te veo, desnuda,
ahora, sobre mi cama...
y solo me apetece quedarme a vivir...
Aquí, perdiéndonos entre las sábanas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario