El cielo se vuelca para poder mirarte a los ojos,
el sol se calienta mirando tus piernas,
la luna se esconde para mirar,
disimuladamente,
disimuladamente,
en cada amanecer tu sonrisa,
las estrellas se ponen de acuerdo para acompañar tu luz,
para mirarte por debajo de la falda,
y fijarse en tu firmamento,
con los ojos bien abiertos.
El universo es consciente
de que no puede superarte,
y el día te envidia
porque hasta el mismo se perdería
besando tus clavículas.

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