Podría hablar de sus pequeños labios rojos,
de como le he comido esos ojos,
contaros como se la hunde la piel en las clavículas
cuando suspira...
Decir que es ella, la niña que huele
a gotitas de melón o a diesel
la que me ha enseñado
a valorar y aprovechar siempre
las segundas oportunidades
hasta en la estantería del supermercado.
Y comentaría también, esa adición suya,
al chocolate en tardes de sol
o cuando estamos lejos,
y me echa de menos,
a falta de buenos besos.
Susurrar que quiero quitarle los miedos,
saltar rascacielos,
balancearnos,
recitarla 4cientos versos...
por eso de que la quiero.
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